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Breve reseña de las descripciones del Palmar entre los siglos XVII y XX

Por Roberto Molinari (*)

Los lugares son espacios constantes, siempre están en un presente que, a través de las generaciones que en tantas circunvalaciones de la Tierra alrededor del Sol y la órbita de éste en nuestra galaxia -la Vía Láctea-, nos imprimen una percepción a la que le pusimos el nombre de “tiempo”.

Entonces, más que “el tiempo dirá…” sería “el espacio, el lugar dirá…”; algo nos ha dicho cada lugar de nuestro mundo, y nos dice actualmente.  Basta tener la suficiente información de esos lugares en lejanas vueltas de la Tierra al Sol y del Sol al centro de la galaxia, para contrastarlas con la visión cercana, y así poder imaginar lo que nos dirán en lejanas órbitas hacia adelante.  Antes que eso ocurra podemos intervenir para que la visión lejana sea la que deseamos….

Son numerosas las descripciones u observaciones que se poseen de la zona del actual Parque Nacional entre los siglos XVII y XIX, su información constituye una fuente para indagar sobre el paisaje de los palmares a través de diversas visiones del lugar:

  • Hernando Arias de Saavedra 1627 – Colonizador y Gobernador del Río de la Plata y Paraguay.
  • Antonio Sepp 1691 – Padre de la Orden de los Jesuitas.
  • Cayetano Cattaneo 1730 – Padre de la Orden de los Jesuitas.
  • Andrés de Oyarbide 1789 – Marino y Geógrafo del Río de la Plata.
  • José Pujol 1803 – Agrimensor que produce la primera mensura de esa zona.
  • Barber Beaumont 1825 – Presidente de una compañía colonizadora inglesa.
  • Alcides D’Orbigny – Naturalista, paleontólogo y explorador francés.
  • Arsene Isabelle 1833 – Navegante francés.
  • Paolo Mantegazza 1867 – Médico italiano.
  • Paul Gunther Lorentz 1878 – Botánico alemán.

En una carta de 1627 presentada a las autoridades por Hernando Arias de Saavedra (hijo de un oficial de Alvar Núñez Cabeza de Vaca y yerno de Juan de Garay), varias veces Gobernador del Río de la Plata y del Paraguay, a raíz del juicio que le entablan varios capitanes por trashumancia de ganado hacia su finca en Entre Ríos, existe una valiosa información sobre la zona de la cuenca baja del Río Uruguay (1), citada por Cansanello (2).

En síntesis, refiere a la temprana introducción, en 1590, de ganado vacuno, ovino, caballar y porcino en territorio del oriente entrerriano, contándose aproximadamente el número de 100.000 cabezas para la fecha de 1627, haciendo referencia a una dispersión en una distancia de 10 leguas desde su finca.

ESCLAVOS Breve reseña de las descripciones del Palmar entre los siglos XVII y XX
Hernando Arias de Saavedra, el primer gran esclavista del Río de La Plata.

Las observaciones del Padre Sepp (3) misionero jesuita y músico, para la zona de El Palmar en su viaje de 1691, citadas por Cansanello (op.cit.) consisten en mencionar que para la época estaba ocupada por poblaciones de indígenas Yaros; que existía una gran abundancia de vacas y caballos, y notablemente sin mencionar a la palmera Yatay, expresa que el paisaje es como “una única e ininterrumpida pradera de engorde, y estaba llena del más hermoso ganado, que allí pastaba”.

ILUSTRACION-JESUITA Breve reseña de las descripciones del Palmar entre los siglos XVII y XX
Ilustración del jesuita Florian Paucke siglo XVIII.

En una carta del año 1730 que el Padre Jesuita Cayetano Cattaneo, de la Reducción de Santa María, le escribe a su hermano José, de Módena, Italia (4), citada en Cansanello (op.cit), se mencionan varios detalles del paisaje existente a un lado y otro del Río Uruguay para la zona del actual Parque Nacional, mientras navegan hacia la localidad de Yapeyú:

“Las playas por uno y otro lado son generalmente un bosque continuo de palmas u otros árboles, distintos de los nuestros, y que en su mayor parte conservan las hojas todo el año.  Sobre éstos se ven de cuando en cuando bellísimas aves, grandes y pequeñas, de varios colores (…) Hay muchísimos papagayos, de varias especies”.

Entre los animales terrestres que frecuentan estos bosques, además de los jabalíes (…), y de los ciervos y cabríos monteses, los más comunes son los tigres (…) son más grandes y más feroces que los de Africa (…) también más bellos, porque en el fondo de su piel es casi color de oro.  (…) Los indios mataron dos y nos presentaron un tigrecillo como de un mes, que habían tomado vivo, que no he visto un animal más furioso”.

ILUSTRACION-JESUITA-PALMERAS Breve reseña de las descripciones del Palmar entre los siglos XVII y XX
Ilustración del jesuita Florian Paucke siglo XVIII.

En el año 1789, el geógrafo español, Andrés de Oyarbide, integrante de la comisión demarcadora de límites entre las colonias de España y de Portugal, de acuerdo con el Tratado de San Ildefonso (1777), recorrió el curso del río Uruguay en dirección Norte – Sur (Cansanello op.cit.), el cual menciona en su diario de viaje (5):

“El 26 de octubre continuamos el camino por el espeso palmar (…) pasando los arroyos Yugüerí-Guazú y Miní; a las ocho millas se acaban las palmas y siguen lomadas altas y buenos campos…”

“El 28 continuamos atravesando el arroyo Grande por su paso real, cuyo bosque es de espinillo, y a las 5  2/3 millas está la estancia grande de Barquín, de la cual al este, distante como 2  ½ millas sobre la orilla occidental del Uruguay entre un espeso palmar, tiene el mismo una calera de piedra de que llevan a Buenos Aires para las fábricas; después de dicha estancia se entra en un grande palmar que viene desde el Uruguay y sigue a occidente, y tiene de ancho por el camino real 5 millas, y por su medianía corre un arroyo del mismo nombre, luego sigue el campo, limpio de lomadas medianas, regados de algunos arroyos pequeños…”.

TRATADO-PRELIMINAR Breve reseña de las descripciones del Palmar entre los siglos XVII y XX

En el año 1803, el agrimensor José Pujol produce una mensura de los campos pertenecientes a los herederos de Vera y Mujica, a raíz de la venta de una fracción comprendida entre los arroyos Palmar y Pos-Pos, parte del actual territorio del Parque Nacional El Palmar (Cansanello op.cit.).   La fuente primaria de dicha información corresponde a Perez Colman (1936) (6).

“En veinte y nueve días de dicho mes y año, yo el comisionado acompañado del Piloto, testigos y demás gentes, pasamos al lugar del Paso de Medina (Arroyo El Palmar), desde donde se tomó el rumbo del N., y a causa de tantos montes de Palmares se midieron a pie y a caballo conforme se  podía una legua y veinte y tres y media cuerda, para zafar de los montes de las palmas que nos embarazaban, como también para hallar mejor campo, hicimos escala al O. con 13 cuerdas, con la que zafamos de los palmares y entramos en campo limpio como un cuarto de legua de la estancia de D. Manuel Antonio Barquín, llamada del Palmar…”.

MENSURA-PUJOL Breve reseña de las descripciones del Palmar entre los siglos XVII y XX
Mensura de Pujol del año 1803.

En 1825 la Rio de la Plata Agricultural Association, empresa inglesa de colonización, presidida por Sir Barber Beaumont, compra campos en la Provincia de Entre Ríos en la actual zona de Parque Nacional El Palmar, a fin de establecer una colonia agrícola orientada a la producción de trigo y procesamiento de su harina (7).

Los campos cercanos a la actual Seccional La Glorieta del Parque Nacional fueron cultivados, construyéndose casas o ranchos en la misma zona.  Por motivos no claros los ingleses dejaron el lugar en masa antes del primer año de estadía, atribuyéndolo a los pobladores locales, los comerciantes y funcionarios, que en forma continua despojaban a los mismos, de sus pertenencias.

A cada colono se le entregaban 50 acres, en la actual zona denominada La Glorieta o puesto Las Achiras, que actualmente está libre de palmares de Butia yatay, donde se distribuyeron sus respectivas chacras. A ellos podríamos atribuir el desmonte de Palmeras en la zona. A posterior cuando la Estancia es comprada por Urquiza y en estas áreas continúan radicándose chacras dedicadas a la cría de ganado vacuno y lanar. Para 1826, Beaumont señala: “Las palmeras con sus copas daban una sombra tan densa que nos defendían de los rayos del sol; el suelo, libre de malezas, ostentaba un césped verde y suave, y miles de pájaros de hermosas plumas alegraban el ramaje. Antes había habido por aquí piaras de cerdos salvajes que engordaban con los dátiles caídos de las palmeras, pero esos cerdos han sido exterminados, al parecer, y solamente quedan unos pocos avestruces y venados, de los numerosos habitantes que otrora poblaron el Palmar”.

VIAJES-POR-BUENOS-AIRES Breve reseña de las descripciones del Palmar entre los siglos XVII y XX

Arsene Isabelle, navegante francés, escribió en 1833, citado por Fernández  (8), y Cansanello (op.cit): “Hay algo curioso y notable en la vegetación de este lugar; dos o tres leguas antes y después de La Calera (actual territorio del Parque Nacional) abundan las palmeras, en tanto que sobre la costa oriental no se distingue una sola.   Estos árboles, mezclados con otros producen una hermosa vista; pero aislados, como lo están al nordeste de La Calera, a todo lo largo del codo del Uruguay, y diseminados en un terreno arenoso, muy alto, le dan al país un aspecto salvaje; uno se cree transportado a las áridas llanuras de África”.

“En los lugares donde hay ganado se tiene cuidado de incendiar los campos en la época en que la hierba seca da sólo un pasto árido…”.

VIAJE-RIO-GRANDE Breve reseña de las descripciones del Palmar entre los siglos XVII y XX

El naturalista francés Martín de Moussy pormenoriza aspectos de los bosques de palmeras, sus frutos y aplicaciones, en su obra de 1860 “Descripción Geográfica y Estadística de la Confederación Argentina” (Biolé op.cit.):

“Forma selvas íntegras en Entre Ríos y Corrientes.  Crecen con lentitud, pues se necesita más de un siglo para formar una hermosa palmera de esta especie, su talla media no excede los 8 metros. Llega hasta 12 en las hondonadas donde el árbol está obligado a elevarse para buscar el sol, pero en este caso el tronco pierde en grueso lo que gana en elevación”.

“En algunas partes de estos bosques los troncos se tocan entre sí formando impenetrables espesuras. El Yatay prospera en los terrenos arenosos; ninguna otra planta, salvo un césped corto y sustancioso, crece a su sombra; no hay nada más prolijo y limpio que el verdor extendido a sus pies como una alfombra”.

“Sus frutos forman un racimo menos voluminoso que el de la Astrocardium y maduran en la misma época. Cuando se los hierve en agua, sobrecanta un aceite de utilidad doméstica (…) con la fermentación produce un buen vinagre (…); sobre todo, son buscados por los animales: vacas, ovejas, cerdos, los cuales, metidos en estos palmares, engordan con una rapidez extraordinaria (…). La hoja de yatay es excelente para techos. Un techo de este tipo, bien hecho, dura unos catorce años (…). En cuanto a la madera, no tiene ningún uso, se pudre al cabo de dos años; a pesar de esto, se hacen corrales, cuyos postes se reemplazan a medida que se echan a perder: uso bárbaro que contribuye a la extinción de estos preciosos árboles (…). En la época de la savia, se puede hacer salir un líquido fermentable, por un agujero practicado en el tronco con un barreno. Se conoce este líquido como vino de palmera (eua de vie que es aguardiente) y, tratado convenientemente, da un buen alcohol (…)”.

“Todas las palmeras están en el mismo caso. El cogollo es comestible, pero si se despoja al árbol de su yema terminal, muere infaliblemente: por lo cual se acostumbra a cortarlos del pie (…). Esta es la causa de la desaparición de estos árboles de las vecindades de los lugares poblados.”

CONFEDERACION-ARGENTINA Breve reseña de las descripciones del Palmar entre los siglos XVII y XX
Obra de Martín de Moussy de 1860.

Paolo Mantegazza fue un médico italiano que en 1867 publicó la obra Viajes por el Río de la Plata y Tenerife, traducida y publicada en 1916 por Juan Heller con el nombre “Viajes por el Río de la Plata y el interior de la Confederación Argentina”. Esa obra es citada por Biolé (op.cit.) para recuperar sus observaciones sobre las palmeras yatay.  A respecto, los relatos de Mantegazza dan cuenta de que los “cocos” Yatay “forman bosques inmensos en todos los terrenos arenosos de las provincias de Entre Ríos y Corrientes”.

Para agregar: “Esta palma se encuentra desde el 27° al 32° de latitud sur, sobre 126 leguas de latitud y formando por doquiera hermosísimos bosques. Sus grandes racimos de color amarillo dorado, dan frutos carnosos, tan dulces, que los hombres los abandonan para el ganado y recogen después los cocos para comer las almendras.  Con la pulpa se hace una especie de aguardiente, y las hojas sirven para fabricar sombreros de paja. Los incendios artificiales destruyen muchos de estos árboles. El interior del tronco suministra un jugo dulce, susceptible de fermentar”.

VIAJE-POR-EL-RIO-DE-LA-PLATA Breve reseña de las descripciones del Palmar entre los siglos XVII y XX
Obra de Paolo Mantegazza de 1867.

“Los guaraníes llaman a esta palma yatay, y según D’Orbigny, este nombre fue también adoptado por los españoles. En Entre Ríos he oído siempre llamarle coco, y a los frutos, coquitos o coquitos de Montiel. Son utilísimos para curar la tenía”.

En 1878, el botánico Paul Gunther Lorentz publica “La Vegetación del Nordeste de la Provincia Entre Ríos”.  Realiza un relato pormenorizado en la actual área del Parque Nacional El Palmar (Biolé op.cit.): “Con la noche llegamos a nuestro primer objeto principal: el monte de Palmas. El Palmar que pisamos ahora puede también ser caracterizado como un monte ribereño, pero es mucho más ancho que los de costumbre, que no forman más que fajas muy angostas, y muchas veces interrumpidas, al lado de los arroyos, mientras que el Palmar Grande, en que nos encontramos, tiene un fondo de más o menos media legua de cada lado del arroyo Palmar”.

“Como el estudio de esta formación nueva para mí, prometía resultados interesantes, nos detuvimos en ella tres días, que pasamos muy agradable. Este Palmar difiere de lo que hasta ahora había tenido ocasión de observar en esta República (en la Provincia de Córdoba y en el Chaco), pues se compone de palmas con hojas pennatas, mientras que las especies de los otros palmares las tienen en forma de abanico, los que constituye un carácter muy diferente”.

“El nombre popular de estas palmas es Yatai, su nombre técnico es Cocos Yatai. Son árboles soberbios, de notable configuración; su altura media puede calcularse en 10 metros hasta la yema terminal, sobrepasándola las hojas superiores poco más o menos un metro y medio. El tronco de algunos árboles aislados es considerablemente más alto, alcanzándose casi 4 metros más, ofreciendo así entre los otros más o menos iguales un aspecto sorprendente”.

“Las hojas superiores están reclinadas en su parte superior, las inferiores tienen curvatura más atrás y las del medio reúnen en su total armonioso estos dos extremos. Donde faltan las hojas del medio y la transición no es paulatina sino abrupta, el árbol parece provisto de dos coronas. El diámetro medio es de 45 centímetros, el tronco es de igual de grueso en toda su extensión, o a veces está hinchado en su base en forma de una damajuana”.

“Es áspero por el resto de los pecíolos. Las raíces (adventicias) son numerosas pero delgadas y débiles, y así vemos bastantes árboles derrumbados por el viento. La madera de estas palmar tiene poco valor, es esponjosa y se pudre antes de disecarse, de modo que ni para leña sirve, ni para construcciones, los pecíolos de las hojas por el contrario proporcionan leña”.

LA-VEGETACION-DEL-NORDESTE Breve reseña de las descripciones del Palmar entre los siglos XVII y XX
Obra de P. G. Lorentz de 1878.

“Las principales utilidades de estos árboles consisten en sus frutas y cogollos. Los racimos envueltos en una vaina leñosa, contienen una gran cantidad de frutas, que son muy dulces cuando maduras y muy apetecidas por el hombre y por los animales.  Además de ser dulces tienen un gusto agradable particular parecido al del dátil.  Cada árbol tiene uno o dos racimos. El cogollo es muy agradable y al mismo tiempo muy nutritivo, sea que se coma crudo, en cuyo estado tiene un gusto de la nuez de Coco, sea que se tome cosido con el puchero, ofreciendo entonces un gusto fino a espárrago. Pero es lástima que para obtener un cogollo, haya que cortar el árbol, lo que se hace en algunos lugares con tanta prodigabilidad, que pronto allá desaparecerán las palmas”.

“Además son útiles estos árboles por su sombra, en la cual se cría pasto exuberante, y sirve también de protección a los animales contra los rayos ardientes del sol y la radiación demasiado fuerte de las noches frías. Se dice también que se hace el jugo de estas palmas una especie de vino, pero nunca le he podido probar”.

“Las palmas se encuentran bastantes desparramadas, solitarias o en pequeños grupos de dos o tres; en todas direcciones puede uno moverse a pie o con el carro por tal Palmar. Es exclusivo de este árbol y en los montes no se encuentran otros ni arbustos. Así el aspecto del Palmar es bastante uniforme, pero sin embargo, hermoso e interesante”.

“A veces las palmas se mezclan con los verdaderos montes ribereños, que al lado del arroyo constituyen una faja mucho más angosta que el palmar y que aquí se componen principalmente de árboles y arbustos subtropicales ya en sí muy bellos. Donde se entremezclan con ellos las majestuosas palmas, recibimos una impresión muy profunda de la hermosura de una vegetación subtropical, que es más halagüeña todavía”.

Referencias

1) Carlos María Aranguren: Hernandarias, primer gran estanciero criollo del Río de la Plata – Paraná. 1963.

2) Pablo Cansanello: Historia de los Recursos Culturales del Parque Nacional El Palmar – APN (MS). 1997.

3) Antonio Sepp: Relación de Viaje a las Misiones Jesuíticas. Eudeba – Buenos Aires. 1971.

4) Presbíteros Cayetano Cattaneo y Carlos Gervasoni: Buenos Aires y Córdoba en 1729 – Compañía de Editoriales y Publicaciones Asociadas, Buenos Aires. 1941.

5) Carlos Calvo: Colección Histórica completa de los Tratados – Tomo VIII, París. 1866.

6) César Blas Pérez Colman: Historia de Entre Ríos – Imprenta de la Provincia, Paraná. Tomo III. 1936.

7) Fernando J. Biolé: Historia Natural del Parque Nacional El Palmar y tierras adyacentes, Entre Ríos, Argentina (en prensa). 2011.

8) Fernández, J.: Evaluación de los Recursos Históricos – Culturales, arqueológicos y a la Investigación de aspectos paleo ecológicos del Parque Nacional El Palmar. Apartado El Palmar visto por Viajeros Primer Informe Interno, Administración de Parques Nacionales. (MS). 1980.

(*) Roberto Molinari es consultor en gestión del patrimonio, planificación estratégica y patrimonio mundial e integra el grupo Patrimonio e Identidad Colonense.